Los días se volvían una fiesta en mi cabeza, pensando añorando el momento en que estuviésemos juntos, la rutina de mi vida había cambiado de estar sola a tener a alguien en mi vida, un hombre de buen físico, sonriente y misterioso.

 

Un día entre tantos salimos de la escuela y nos dirigimos a un parque muy famoso de la ciudad, habíamos buscado con cautela el lugar más solitario y menos transitado por los peatones, para poder estar sólo él y yo, con nuestras ideas, con nuestras platicas, con nuestro romanticismo y sobre todo una atracción física tan poderosa, que solo me hacía pensar en como provocarlo cada vez más de una manera tan sutil, para que él lo percibiera con un ligero encanto e incertidumbre, si era verdad lo que veía con sus ojos o era producto de su imaginación y  mente de hombre.

 

Todo empezó con juegos, besos y caricias, cada vez eran más esas caricias, él intentando llegar más allá de lo permitido, pero aun así él lo intento y subió más su mano por mis piernas hasta tocar mi parte más íntima, -¡PUSS! Que gran abofeteada se ganó.

Claro, muchos han de pensar, ¿pero y la seducción que provocaste en él?

-Lo tengo muy claro, solo que como toda mujer, necesito recurrir a mis tácticas de chica difícil.

 

Tuve la sensación de que todo había terminado, pero no fue así, él se disculpó y me dijo que no volvería  a pasar.

Este hecho logro que nuestra relación tomara un giro aún más pasional.

 

Los días en la escuela, eran vernos, fumarnos un cigarrillo y platicar. Aunque él era un tanto tímido, así que quien abordaba el tema o prolongaba la conversación era siempre yo.

 

Nos divertimos mucho juntos, salíamos al cine, de repente con amistades a tomar unos tragos o la visita planeada en mi casa.

 

 

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El encuentro

Últimamente me dedicaba a buscarlo, para poder observarlo. Más no tenía la voluntad necesaria para hablarle. Sabía en que salón iba, donde se sentaba y quienes eran sus compañeros de clases y con quienes se juntaba para pintearse unas cuantas clases o para ir a comer.

Un día entrando a la escuela, sin querer lo vi platicando con un prefecto de la preparatoria, y casualmente escuche que lo querían dar de baja en la escuela por mala conducta (se la pinteaba mucho), en ese momento yo entristecí, pues debía hacer algo rápido para poder hablar con el, ya que si no lo hacía deprisa lo podían expulsar y por otro lado ya estaba por graduarme y terminar la prepa. En ese mismo día pero más tarde, vi a una de sus compañeras sentada en una macetera en forma de banca, era el momento oportuno para sacar algo de información. Me acerque y le pregunte que si conocía a Eduardo (conocía su nombre porque mi amiga de la ventana me lo había dicho) me dijo que sí, mi segunda pregunta fue –sabes si tiene novia? A lo que ella me respondió –tengo entendido que no. –Perfecto, dije, de casualidad me puedes pasar su messenger (con una sonrisa en la cara) –si me dijo, muy amablemente. Enseguida lo anote en mi libreta.

Fue como si las horas del día se hubiesen detenido, me pareció eterno el hecho de llegar a casa, hacer mis deberes y poder ponerme a “chatear” Al fin tome la computadora de escritorio, y rápidamente agregue el correo que me brindo la muchacha.

Gaby dice:

-Hola J

Eduardo dice:

-Hola, quién eres?

Gaby dice:

-Soy una muchacha, que va en tu escuela, le pedí tu Messenger a una compañera tuya. No sé si me ubiques, voy en el 3º F, en el mismo piso que tú. Me llamó Gaby.

Eduardo está escribiendo…

Eduardo dice:

-Discúlpame, pero la verdad no, mándame una foto tuya.

 

A continuación yo busque mis dos mejores fotografías, una era de cuando había cumplido mis 18 años y otra donde aparezco sentada en una banca en un parque de Guadalajara.

 

Eduardo dice:

-No la verdad que no te ubico, nunca te he visto.

<<Yo me sonroje de vergüenza>>

Gaby dice:

-Bueno, pues me voy a presentar en uno de estos días, para que puedas conocerme mejor.

Eduardo dice:

-Me parece bien.

 

Gaby cerró sesión.

 

 

Pasaron dos días, durante ese tiempo lo único que hacía era buscar el momento indicado para presentarme, le comentaba a mis amigos, que como se vería si yo le hablaba primero, ellos me decían; no lo hagas, va a pensar mal de ti. En realidad jamás me importaron sus opiniones, solo era como un aviso de que lo iba a hacer, de que pronto le hablaría, y que entre más me dijeran que no, mayor era el reto para mí.

 

Y llegó el día.

Caminaba por el pasillo de la escuela, con mi grupito de amigas, y de repente veo como el venia hacia mi dirección con su grupo de amigos, el venía en el medio, como dirigiendo una gran manada, en mi mente solo tenía la frase – ¡HAZLO YA!, y si, así fue. Me dirigí frenéticamente hacia él, impidiéndole que siguiera adelante, sus amigos se percataron de los hechos y se fueron como si nada hubiese pasado, al igual mis amigas, se fueron con risas y murmullos.

 

-Hola, soy Gaby, y tú eres Eduardo verdad? (estúpidamente lo pregunté)

-¡¿Tú eres Gaby?! (con una ligera sonrisa coqueta)

-Si, ¿tu vas en ese salón verdad? (señalando hacía el aula)

-Sí, me responde. “El aula polarizada” como le dicen, por tener los cristales de las ventanas oscuros.

-Jajaja, cierto, sonreí.

La pequeña charla, solo tuvo lugar unos cuantos minutos, nos despedimos con risas tontas y palabras entrecruzadas.

 

Mi día había sido muy emocionante, mis amigas me preguntaban sobre el muchacho, ese de piel morena, que había dicho o sí habíamos quedado en salir o vernos de nuevo ahí en la escuela.

Todas sus preguntas resonaban en mi cabeza, pues la verdad yo no tenía respuesta para ninguna de ellas.

 

Al llegar la noche me senté frente al computador y abrí sesión en Messenger, como era costumbre. Sinceramente pensaba mucho en si el daría el primer paso y sería él quien escribiría el primer “Hola”, pero a la vez me advertía que debía de ser fuerte y comprensiva si eso no llegaba a suceder, pasaron unos 5 minutos, cuando me apareció la notificación de que Eduardo estaba en línea, de inmediato él me mandó un mensaje diciendo; <<Hola Gaby>>.

Ese fue el indicio que yo necesitaba para poder seguir.

A partir del día siguiente no existía momento ni instante en el que no nos encontráramos, en el cual no charláramos, pero ya faltaban pocos días para que finalizara el ciclo escolar y me dolía mucho tenerlo que dejar, así que pensé en invitarlo a salir, así ya no habría pretextos para no verlo y salir de la cómoda rutina de verlo solamente en la escuela.

 

 

 

Mi historia de amor, un verdadero desastre que encaja a la perfección.

 

Siempre me había dicho a mí misma, que era dichosa en el amor, siempre encontraba al hombre correcto, alguien que me quería y apreciaba cada uno de mis defectos. Y si, así fue con mis únicas dos relaciones formales. El primero me enseñó a quererme, a valorarme y darme cuenta de la hermosa mujer que soy. Subió mi autoestima, y creo que le podría dar gracias a él, por la gran confianza que siento hacia mi persona.

El primero (lo llamaremos así) fue quizás ese primer amor de secundaría, la edad de la pubertad, la etapa en la vida, en la cual crees tú “gran amor” es la primera relación amorosa que tienes, y sí, yo pensaba que él era mi primer amor, el hombre de mi vida, me sentía afortunada de tenerlo conmigo, a pesar de que no era la persona indicada para mí, ante los ojos de los demás.

El hecho de que mis padres, se preocuparan de que él tenía 23 y yo 15 años, que no tuviera una carrera universitaria, ni un trabajo, dejo de alarmarles el  día en que él fue asesinado. Fue ahí cuando la etapa de la pubertad se acabó para mí, fue ahí cuando me di cuenta que yo necesitaba ser una persona madura, sensata, una mujer fuerte. El duelo fue increíble, me costaba pensar que el ya no estaba en este mundo, que ya no pisaría mí mismo suelo, ni olería mis mismos olores, ni mucho menos vería a las mismas personas que yo veo. Fue difícil, fue espantoso, lloraba a diario, mi recamara era una galería con fotos de él, un museo con recuerdos y detalles que antes me había obsequiado. Recuerdo que en una ocasión mi celular sonó, y aun con una última esperanza conteste pensando que era el, cuando escuche la voz del otro lado del teléfono, me solté a llorar, al ver como poco a poco me resignaba a su partida.

Fue una de las etapas más difíciles, pero no la peor.

Ese mes de enero, ocurrieron dos partidas más de seres queridos, una semana después de la muerte del “primero” mi abuela falleció, tres días después mi perrito chihuahua murió, el mes de enero fue mi maldición, ese comienzo de año 2011 fue demasiado trágico para mí.

Para ese año, ya estaba cursando la preparatoria, trataba de que mi vida fuese normal, tomaba clases de inglés, dedicaba horas en el gimnasio, me alimentaba saludable, entre comillas, me sentía normal, habían pasado 5 meses desde su partida, aún traía su imagen de fondo de pantalla en mi celular, me gustaba observarlo y dedicarle unos cuantos minutos para hablarle en el pensamiento, después de eso, volvía con mis amigas. Siempre me daba cuenta como una de ellas se quedaba viendo por la ventana del salón, como boba hacía afuera, hasta que una vez le pregunte –que tanto ves (entre risas), a lo que ella me dijo –Ven, tienes que ver a este papasito. Me acerque y lo observe desde la ventana, era alto, delgado, piel color cappuccino, ojos negros un poco rasgados, tenía la cabeza rapada, apenas se le veía el cabello negro, cuerpo bien formado, se notaba que también le dedicaba horas al gimnasio, lo que más me llamo la atención, fue la manera en como cargaba su mochila, recuerdo que era estilo maletín con correa negra, la abrazaba como si fuese una persona, él quería esa mochila, le daba protección, se sentía cómodo con ella. Desde ese momento yo pensé –ese hombre tiene que ser para mí.